¿Quién soy yo?

Una de las demandas más habituales por las que las personas llegan a mi consulta se relaciona con una pregunta. “¿Quién soy yo?”. Esta pregunta es una cuestión filosófica o existencial. Yo la trato desde el punto de vista psicológico. Es una cuestión en relación directa con el proceso de construcción de la propia identidad. Este es un proceso evolutivo normal por el que todas las personas pasamos varias veces a lo largo de nuestra vida. Al ser una cuestión tan común opino que será de interés que nos adentramos hoy en ella. Observo que son muchas las personas que se cuestionan a sí mismos quien soy yo. Al hacerlo muchas de ellas entran en confusión o surgen dudas que no pueden o no saben resolver. Si a esto se añade una personalidad con base obsesiva entonces nos encontramos ante un sufrimiento psicológico difícil de gestionar y que en ocasiones perdura en el tiempo. Si tienes interés en conocer más sobre las personalidades obsesivas te invito a seguir leyendo en el siguiente enlace: https://psicologojuandelvalle.com/soy-un-obsesivo/

Todas las personas somos seres humanos únicos e irrepetibles. Esta es la premisa desde la que iniciar este trabajo personal. Desde mi enfoque psicoterapéutico, el humanismo, es básico poner una mirada de respeto y no juicio a la hora de enfrentarse a esta pregunta y buscar respuestas.

“¿Quién soy yo?” es la cuestión clave en la construcción de la identidad psicológica. Lo normal es plantearse esta cuestión en determinados momentos de la vida. Para ello, va a ser de ayuda conocer en primer lugar cuáles son los componentes psicológicos que forman parte de la identidad.

  • Auto-estima. ¿Cuánto me quiero a mí mismo?

Cree en tí mismo.

La autoestima es el valor que cada uno de nosotros atribuye a su propia persona. Tiene un componente fuertemente emocional. Como su propia palabra dice implica la estima que tengo por mí mismo. Una autoestima alta no tiene por qué ser positiva, psicológicamente hablando. La autoestima sana implica aceptación de los propios defectos y virtudes. Esta es una parte clave del trabajo de construcción de la identidad, la aceptación.

 

Auto-eficacia. ¿Soy capaz?

La autoeficacia tiene que ver con la valoración que hacemos de nuestras propias capacidades. Conlleva una auto-definición de quien soy en cuanto a lo que soy capaz de hacer, lo que se me da bien y lo que no. Puedo ser bueno corriendo una carrera popular, pero se me da mal dibujar en acuarela. La autoeficacia es básica en cuanto a la capacidad que desarrollamos para enfrentar nuevos retos. Esta capacidad de enfrentarnos a lo que nos asusta y de salir victoriosos va de la mano de la autoconfianza.

 

  • Auto-conocimiento. ¿Qué me define o caracteriza?

Probablemente, esta es la parte más compleja de describir y de trabajar a nivel personal. El autoconocimiento conlleva comprenderse a sí mismo. Entender porqué reaccionamos como lo hacemos ante diversas situaciones. Darse cuenta y tomar conciencia de mis propias emociones y reacciones físicas. Aprender a gestionarlas y poder auto regularnos emocionalmente. El autoconocimiento no es estático, está en constante evolución. Como las personas que vamos evolucionando y somos cambio. El Autoconocimiento es un proceso intrínseco a la psicoterapia.

 

Cuando la persona acude a mi consulta con la necesidad consciente y acuciante de encontrar respuestas a estas preguntas es necesario llevar a cabo en primer lugar una evaluación acerca de determinados síntomas que suelen acompañar a estos procesos. Es posible que sientas o hayas sentido algunos de ellos al hacerte estas cuestiones:

  • Ansiedad
  • Angustia existencial.
  • Pensamiento obsesivo.
  • Dudas constantes. Confusión mental.
  • Sensación de insatisfacción.
  • Sensación de vacío, especialmente a nivel de relaciones de intimidad.
  • Soledad.

 

Evaluación sobre crisis vitales o crisis de identidad.

En segundo lugar, es importante afirmar que las crisis vitales son normales en el proceso evolutivo.

 

Crisis de identidad.

Es más, son incluso saludables. Aunque se pase mal mientras son atravesadas. Por eso es recomendable evaluar si la persona puede estar inmersa en una de estas crisis vitales.

 

Siguiendo las teorías del desarrollo psicosocial de E. Eriksen, uno de los psicólogos más influyentes del siglo XX en especial en el campo de la psicología evolutiva, cada etapa de la vida contiene un desafío o reto psicológico a superar. Cuando se consigue superar, el desarrollo personal o crecimiento psicológico avanza. Cuando no se consigue, se bloquea y se genera una crisis con determinados síntomas. Eriksen decía que la etapa de la adolescencia se caracteriza por el establecimiento de la identidad propia. En esta etapa la persona se puede preguntar a sí mismo ¿Quién soy yo? O ¿Qué voy a hacer con mi vida?

Otros momentos de la vida propicios o más comunes para hacerse estas preguntas o adentrarse en una crisis vital según los estudiosos de la psicología evolutiva son:

  • El comienzo de la vida adulta.

En el comienzo de la vida adulta (20-30 años) las personas debemos resolver asuntos vitales como la incorporación al mundo laboral,» ¿A qué voy a dedicarme?» El establecimiento de relaciones de pareja, «¿quiero estar solo o emparejado? ¿De quién?» Otro asunto por enfrentar es la separación emocional de la familia de origen «¿Me voy a marchar fuera o me voy a quedar cerca de mi familia?» Con todas las implicaciones que cada opción tiene para mí. Otro asunto clave será la formación de la propia familia, «¿Quiero tener hijos? ¿Cómo me voy a organizar?»

Ante estas cuestiones a resolver en la juventud, ¿cómo no experimentar zozobra emocional?

 

  • La crisis de los cuarenta o crisis de mitad de la vida.

Esta etapa vital se caracteriza porque llevamos a cabo una re-evaluación vital profunda de las propias expectativas vitales elaboradas en la crisis anterior y de los logros conseguidos unos años más tarde.» ¿Qué esperaba yo que sería la vida de mayor? ¿Cuál es la vida que he conseguido llevar?» El contraste emocional o el equilibrio al comparar expectativas y logros conseguidos puede llevar a la persona a un proceso de reflexión profunda. En ocasiones, tras estos procesos la persona puede tomar decisiones vitales importantes, que pueden implicar continuidad con la vida actual o adaptación. Pueden suceder entonces los cambios de trabajo, los cambios de pareja. A veces también separaciones o divorcios, crisis con los hijos. La persona toma consciencia en esta edad de haber alcanzado el ecuador de la vida en términos temporales y evalúa los cambios, adaptaciones y cosas que quiere mantener para la segunda mitad de su vida.

 

  • La jubilación.

La reducción o cese de la actividad laboral es un cambio vital que necesita un proceso de adaptación personal. La persona debe hacer frente a tener mucho tiempo libre cada día. Es un buen momento vital para reflexionar y profundizar en los deseos e ilusiones no alcanzados. Poner en marcha los recursos personales que disponemos para llevar a la práctica estas ilusiones. En definitiva, estamos hablando de un proceso de re-evaluación vital a medida que la persona se acerca a la última etapa evolutiva que es la vejez.

 

Características del proceso de construcción de la identidad.

Como decimos, la construcción de la identidad es un proceso psicológico. Los estudios sobre construcción de la identidad describen un conjunto de características que nos pueden ayudar a entender mejor cómo funciona este proceso:

  • Se desarrolla en interacción con otros.
  • Es una definición socialmente construida.
  • Tiene un fuerte componente emocional.
  • Es un proceso de reconocimiento y valoración de uno mismo.

Todo ello nos ayuda a desarrollar recursos personales a la hora de enfrentarnos al proceso de construcción de la identidad y de responder a la cuestión de ¿Quién soy yo? Para ello necesitaremos tomar conciencia de estos aspectos:

  • Importancia de la auto reflexión. Conectar con uno mismo.
  • Importancia de las relaciones sociales. Conectar con los otros.

La construcción de la identidad es entendida como un proceso que nos desarrolle y nos permita poder conectar con el entorno y poder construir una identidad propia en sintonía y coherencia con uno mismo.

 

Las necesidades psicológicas.

Maslow fue uno de los psicólogos más influyentes del s. XX y es uno de los referentes de la psicología humanista. Una de sus principales aportaciones al pensamiento humanista fue su concepto de necesidades psicológicas y su clasificación en función del nivel de importancia o relevancia para el ser humano. Es conocido como la pirámide de las necesidades.

Pirámide de las necesidades. Maslow.

 

En la parte superior de la pirámide encontramos dos tipos de necesidades:

  • La necesidad de reconocimiento (que es todo aquello relativo al autorreconocimiento, confianza, respeto, éxito).
  • La necesidad de autorrealización (que se relaciona con el desarrollo personal, creatividad, espontaneidad).

Estas necesidades psicológicas en la cúspide de la pirámide nos llevan a reflexionar acerca de la importancia vital que tiene para el ser humano los procesos de Auto-conocimiento y construcción de la identidad. No es posible completar el desarrollo psicológico sano sin satisfacer estas necesidades de reconocimiento y autorrealización. Por consiguiente, es saludable preguntarnos “¿Quién soy yo?” y buscar respuestas en sintonía y coherencia con nosotros mismos.

Si te interesa profundizar más en el concepto de la pirámide de necesidades psicológicas de A. Maslow puedes hacerlo pinchando en el siguiente enlace:

https://cuadernodemarketing.com/la-piramide-de-las-necesidades-de-maslow/

 

Las áreas a explorar en el proceso de construcción de la identidad.

Dentro de este proceso de construcción de la propia identidad emergen diversas y variadas áreas a indagar. Este es un menú o batería de cuestiones que se llevan a cabo en los procesos de psicoterapia cuando se trabaja sobre la identidad:

  • Pensamientos y creencias. ¿Cuáles son mis ideas y creencias…
    • Sobre uno mismo.
    • Sobre los demás.
    • Sobre la vida.

 

  • Experiencias vitales.

¿Cuál es mi historia? ¿Cómo mis experiencias han formado mi personalidad? ¿Cómo los eventos o sucesos estresantes de mi vida me han ido marcando?

 

  • Emociones.

¿Cuál es la emoción más experimentada por mí de forma cotidiana? ¿Qué interpretación le doy a mis emociones? ¿Cuáles son las creencias que he formado acerca de mis emociones? ¿Cómo auto regulo mis emociones displacenteras? ¿Cómo me permito sentir mis emociones placenteras o agradables?

 

  • Cuerpo y sensaciones somáticas.

¿Cuáles son mis reacciones físicas? ¿Cómo de conectado o desconectado estoy de ellas? ¿Cuánto soy capaz de manejar mis sensaciones somáticas?

 

  • Sueños, deseos y fantasías.

    Sueños, deseos y fantasías.

¿Qué me ilusiona? ¿Con qué disfruto? ¿Tengo proyectos personales? ¿Me percibo capaz de alcanzarlos? ¿Si hay obstáculos, son externos o internos?

Cuando era pequeño, ¿qué quería ser de mayor?

¿Cómo me imaginaba la vida adulta? En este proceso será clave contactar con el Niño interior que llevamos dentro.

 

 

 

  • Lado oscuro.

Lo que no me gusta o agrada de mí, pero también forma parte de quien soy yo. La rabia, la incertidumbre, los temores, la autocrítica, la autoexigencia elevada, la culpa.

Ir hacia poder aceptar y convivir en paz con esta parte.

No hay un trabajo de autoconocimiento completo y honesto si no se adentra en el lado oscuro. Al igual que no hay éxitos sin fracasos. Todas las personas tenemos de los dos. La aceptación es clave en todo este proceso.

Estas áreas de intervención abren caminos a recorrer si tienes interés en profundizar en el proceso de construcción de la identidad. Te animo a explorar en cualquiera de estas cuestiones para conocerte más a ti mismo.

 

Los beneficios del autoconocimiento.

El camino del autoconocimiento.

Este proceso es seguramente un trabajo para toda una vida. Es un camino para ir recorriendo. Todo lo que avancemos en este camino nos sirve.

El autoconocimiento nos ayuda a vivir más tranquilos y en coherencia con nosotros mismos. O a ser conscientes de nuestras propias incoherencias. Las personas que han realizado un proceso de autoconocimiento expresan mayor sensación interna de paz, de bienestar emocional.

Nos ayuda a tomar decisiones más racionales, más ajustadas y en sintonía con quien soy yo. Teniendo en cuenta lo que me beneficia realmente y lo que hace daño o me sienta mal. Disminuyen los boicoteos a sí mismo, los procesos disfuncionales o mecanismos defensivos que nos limitan en nuestro día a día.

El autoconocimiento nos hace ser más independientes de los demás y del juicio externo. También ayuda a acallar o suavizar el juicio interno, el exceso de autocrítica y ajustar las expectativas y exigencias propias. Yo llego hasta donde puedo llegar. Permite desarrollar la aceptación a mí mismo, con mis virtudes y mis defectos.

Por consiguiente, estos procesos internos nos permiten aumentar la auto-confianza y la seguridad en nosotros mismos. Todo ello nos lleva a ser personas más auténticas y espontáneas. Lo cual es una de las metas principales de los procesos de psicoterapia.

 

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