Timidez

La tímidez. Las personas tímidas, el sufrimiento y la necesidad de relación.

La timidez. ¿Qué porcentaje de personas son tímidas? ¿Es normal ser tímido o es algo extraño? ¿Debes preocuparte si sientes que tienes mucha timidez? A menudo, en consulta o en situaciones sociales, escucho a personas que se definen a sí mismas como tímidas, introvertidas o “más bien hacia dentro”. Personas que experimentan incomodidad, inseguridad o autocrítica en situaciones sociales. Esto las lleva a pensar que son poco hábiles socialmente. Es una experiencia observada bastante habitual lo cual me habla de la cantidad de gente viéndose a sí misma así. Por cierto, entre los cuales yo me incluyo también en determinados contextos.

En este post he reflexionado acerca de la experiencia de ser tímido o introvertido. Quiero compartir mi vivencia profesional y personal sobre cómo se vive la timidez. En especial, cómo es el sufrimiento que se experimenta según las personas tímidas. Por último, quiero compartir también las cualidades o características más genuinas y valiosas de la timidez a mi forma de ver. Lo primero que llama mi atención cuando estoy frente a una persona que se autodefine como tímida es la riqueza de su mundo interior y de su imaginación. Son personas que pasan tiempo del día sumergidos en su fantasía lo que alimenta su capacidad de imaginar y crear. Me genera curiosidad y me pregunto a mí mismo como será vivir dentro de su cabeza. ¿Cuántas cosas pueden estar imaginando? ¿Cómo transcurren sus pensamientos?

¿Pero, realmente en qué consiste ser tímido?

En primer lugar, me gustaría destacar algo que me parece importante. La mala prensa y la connotación negativa que desde nuestra sociedad se le pone a la timidez. Parece que “lo correcto y lo admirable” es ser una persona extrovertida, con habilidades sociales y recursos para poder adaptarse a cualquier contexto o ambiente. En mi experiencia personal y profesional puedo afirmar que las personas que reúnen estas características son sólo un porcentaje bajo. Puede ser porque este tipo de rasgos caracterizan a las personalidades líderes o con una alta capacidad de liderazgo. Cuando estoy en una situación social de grupo observo mayoría de personas con un rol de menor liderazgo que prefieren escuchar o que prefieren buscar interacciones en grupos más pequeños de dos o tres personas.

La timidez en la infancia.

La etiqueta de “timidez” es algo impuesto en muchas ocasiones desde la infancia. Cuando los niños no se muestran afectuosos, dicharacheros o espontáneos en público y prefieren quedarse callados bajo el cobijo materno o paterno pueden escuchar del adulto “es que es muy tímido” o peor aún “es que tiene mucha vergüenza”. Esta experiencia vivida de forma repetida a lo largo de los años de infancia puede conducir a la creencia de “yo soy tímido, introvertido y vergonzoso”.

Otra creencia que el niño puede desarrollar es “los otros me pueden juzgar por como soy. Así que será mejor esconderme hasta que esté mas seguro”. De forma muy resumida, estoy dando una posible descripción del proceso por el cual una persona se puede autodefinir como tímida y las decisiones que puede tomar en función de esta auto-definición. Por supuesto que son creencias y decisiones sobre uno mismo y sobre los demás que se irán reforzando con la experiencia social a lo largo de los años. A medida que la persona vaya repitiendo la misma vivencia irá confirmando que soy “tímido” y que es mejor “esconderse socialmente”.

Uno de los asuntos más importantes en este tipo de procesos psicológicos es validar la experiencia de la persona. Validar sus emociones. Y normalizar su forma de estar “tímida”. Para eso es imprescindible que la persona puede darse el permiso a sí misma de estar callada o de no participar si no le apetece. “Si no quieres decir o hacer nada, está bien. Puedes hacerlo cuando tu quieras”. Esto es algo que trabajamos en psicoterapia. Poder darse los permisos necesarios para estar seguro y no ser criticado por ello.

A mi consulta de psicoterapia acuden a menudo personas con un sufrimiento característico y que guarda relación con esta “timidez” de la que hablamos. Desde las primeras sesiones del proceso terapéutico van describiendo en qué consiste el malestar con el que conviven a diario o especialmente ante eventos sociales.

¿Cómo es el sufrimiento en las personas tímidas?

Los 10 síntomas o características que se repiten más habitualmente son los siguientes:

  • Sensación de inseguridad.

A nivel personal se experimenta como la creencia sentida y vivida en el propio cuerpo de que en cualquier momento puedo recibir de otros crítica, burla o exigencia si hago o digo algo inapropiado. Se experimenta la interacción social con inseguridad.

  • Baja autoestima.

La creencia sobre mí mismo de soy tímido, en la mayoría de las ocasiones he observado que se traduce como soy inadecuado en términos de autoestima. El efecto sobre ésta por supuesto que dependerá del nivel de autoexigencia y de los permisos que la persona pueda darse para contrarrestar.

  • Ansiedad social.

Esta conjunción de creencias sobre sí mismo y sobre los otros se manifiesta de forma activa ante eventos o contextos sociales. Aparece el pensamiento anticipatorio por el cual imaginamos que algo va a ir mal y esta anticipación dispara la sensación de ansiedad en situaciones sociales.

  • Percepción de pocas habilidades sociales y de relación.

La repetición de este proceso interno a lo largo de los años y la acumulación de experiencias sociales que terminan con sensaciones de malestar nos llevan a la confirmación de que no somos capaces o, más ligeramente, que tenemos pocas habilidades sociales.

  • Alta exigencia.

Cuando en la historia de la persona se ha experimentado una exigencia alta por parte de los otros de ser “extrovertido, cariñoso o divertido” y la persona ha recibido o bien críticas cuando no lo era, o bien halagos y reconocimiento cuando lo era puede conducir a una exigencia alta a nivel social.  Una exigencia experimentada como “tengo que ser extrovertido, hablador, etc… cuando estoy en grupo”.

  • Auto-crítica constante y feroz.

En las ocasiones en las que no se consigue cumplir con esta auto-exigencia (ya que la persona acaba haciendo suyo este mensaje) se dispara la auto-critica o lo que en terapia llamamos diálogos internos. Por ejemplo, “si no eres interesante o divertido entonces no te van a valorar, no van a querer estar contigo, te quedarás solo y sintiéndote mal.”

  • Estado de hipervigilancia en situaciones sociales.

Este estado está relacionado con la creencia de que los otros pueden criticarme, burlarse de mi o esperar que yo sea de una forma determinada. La persona que tiene esta creencia está en guardia cuando se relaciona con otros. Vigilando cualquier gesto o expresión del otro que confirme que ellos están pensando lo que yo pienso sobre mi mismo.

  • Tensión corporal elevada.

El estado de hipervigilancia nos pone en tensión físicamente. Lo cual provoca sensación de cansancio y agotamiento en situaciones sociales. Cuando la persona vuelve a casa puede estar agotada mental y físicamente.

  • Tendencia a la invisibilidad en grupo.

Buscan pasar desapercibidos. La estrategia o decisión que se toma como la más segura es esta. Mientras nadie me mire, no pasará nada malo. Es mejor no mostrarme y estar escondido hasta que me sienta suficientemente seguro de que no va a pasar nada por salir fuera.

La vergüenza.

  • Vergüenza.

La emoción de vergüenza se experimenta como “tierra trágame”. Es un querer desaparecer y no ser visto. La experiencia de pasar vergüenza es altamente reforzante de todo este proceso en su conjunto. La persona buscará la forma más segura de evitar volver a sentirse así. Es más que probable que hayas sentido vergüenza en alguna situación social en el pasado. Que hayas percibido que estabas siendo juzgado, criticado o atacado. Por desgracia, es una licencia que determinadas personas se dan de manera  bastante habitual en nuestra sociedad. La sensación de sentir vergüenza se convierte en una experiencia a evitar y este temor se encuentra en la base del proceso psicológico que estamos describiendo como timidez.

Si quieres seguir leyendo sobre la vergüenza puedes hacerlo en este post que he escrito:

La timidez y la vergüenza: dos disfraces del miedo

Es posible que te hayas sentido identificado con algunos de estos síntomas o con el conjunto de ellos. También quiero comentar que la gran mayoría de personas hemos tenido experiencias sociales donde nos hemos podido sentir de esta forma y es totalmente esperable y normal. Quiero normalizar tu experiencia. Es totalmente normal y la mayoría de personas con las que he hablado sobre ello les ha pasado alguna experiencia como esta. En la medida en que el entorno social en el que nos movemos habitualmente nos da sensación de seguridad y respeto hacia nuestra persona estas sensaciones suelen reducirse y/o desaparecer. Por el contrario, si nuestra percepción del entorno social es más bien de inseguridad o incertidumbre por que podamos anticipar crítica, burla o exigencia por parte del otro es probable que estas sensaciones desagradables y estresantes aumenten. También sucede con esta anticipación que la persona ha experimentado en sus propias carnes o ha observado en otros la crítica, la burla o la exigencia en un contexto determinado o con una persona en particular. Normal entonces que en esta situación necesites estar protegido y defenderte.

¿Por qué sufren las personas tímidas?

Cuando exploramos las historias de relación social con estas personas encontramos este tipo de experiencias. Personas o relaciones marcadas por la crítica hacia la forma de ser. De forma explícita, lo cual suele ser más traumático. En otras historias, de forma más sutil con reacciones leves o expresiones de rechazo o desprecio hacia la persona, pero que ésta percibe.

En otros casos lo que averiguamos es que la persona no ha recibido directamente la crítica de forma personal hacia sí mismo. Más bien la ha observado hacia otros en lo que se conoce como un proceso vicario de observación. Y también produce un efecto a nivel personal. “Ya se lo que me pasará si me comporto de esta forma”.

Puede pasar un proceso similar, pero con exigencia en lugar de crítica. No se ha criticado o atacado a la persona por ser de una determinada forma, pero si se ha valorado y dado reconocimiento cuando la persona se ha comportado de la forma esperada. Con lo cual, la persona aprende que es lo que los demás esperan de él.

En resumen, una conclusión a la que suelo llegar en los procesos de psicoterapia en estos casos es que suele haber una historia detrás que explica por que la persona reacciona y experimenta de esta forma las relaciones sociales. Y esta historia necesita ser contada, escuchada y entendida.

Por otro lado, la necesidad humana de estar en relación con otros es clave de este sufrimiento. Este estar en relación con el otro no vale de cualquier manera. Para que una persona pueda abrirse al contacto en intimidad necesita que la relación sea sobre todo una relación respetuosa. Siguiendo a R. Erskine (1980) las necesidades relacionales son las partes componentes de un deseo humano de relación. Son las necesidades propias del contacto interpersonal. De la misma manera que necesitamos alimento, agua y oxigeno para la vida, también necesitamos del contacto y las relaciones humanas para incrementar nuestra calidad de vida y nuestro bienestar interior. Erskine enumera y describe hasta ocho necesidades relacionales en todas las personas. Observamos tres necesidades relacionales en las personas introvertidas que cobran mayor relevancia cuando buscan una relación de intimidad:

  • Hacer impacto en el otro.

Es agradable sentir que lo que hacemos o decimos no pasa desapercibido, que generamos un impacto en la otra persona. Que este otro se deja impactar por nosotros mismos. Lo contrario sería sentir la indiferencia de los otros. Da igual lo que haga o diga que el otro no le va a prestar atención.

  • Auto-definición.

Como decía previamente, en muchas historias de la infancia estos niños han sido definidos como tímidos o vergonzosos. Es decir, se les ha etiquetado por su comportamiento con una connotación negativa. Las personas necesitamos no ser etiquetadas. Todo lo contrario, tener la experiencia y el permiso de poder descubrir quien soy yo sin que me etiqueten, juzguen o critiquen.

  • Seguridad.

Probablemente, la necesidad relacional más básica y en el caso de personas introvertidas la más relevante. Es necesario sentir que esta es una relación segura, donde no me van a atacar o a criticar por mostrarme callado o por expresarme de forma diferente a los demás. Donde no se exige o espera tener que ser de una manera determinada. Una relación donde poder ser uno mismo y estar tranquilo y seguro por ello.

Respeto.

Para poder relacionarte en intimidad con una persona introvertida es necesario que tengas en cuenta estos tres elementos y que seas lo más respetuoso posible con ellos. El respeto es algo imprescindible. De lo contrario, la persona se cerrará al contacto social, se esconderá y no te mostrará quien realmente es. Necesitará protegerse porque anticipará crítica, agresión o exigencia. Porque seguramente es lo que ha vivido o experimentado antes en su historia de relaciones sociales.

 

Los recursos.

Todas las personas disponemos de recursos dentro de nosotros. Las personas introvertidas destacan por su rico mundo interior, su capacidad de imaginación, su creatividad y su contacto consigo mismo. Algunos recursos que trabajamos dentro del proceso psicoterapéutico son los siguientes:

  • Conocernos a nosotros mismos. Conocer tu propia historia. Entender mejor porqué sufres como lo haces y de donde viene te permite estar en sintonía positiva contigo.
  • Indagación en tus sensaciones. Permítete sentir lo que sientes, aunque se sienta desagradable. Este malestar te está enviando un mensaje que es necesario que escuches y entiendas para hacer algo con ello.
  • Estar en el presente. Cuando estos malestares se activan nos hemos conectado con el pasado y con las experiencias dolorosas de él. Eso sucedió allí y entonces.
  • Relaciones y contextos sociales de seguridad. Preferencia por grupos pequeños o interacciones 1 a 1 en lugar de en grupo grande. Siéntete libre para estar a gusto.
  • Atender a las necesidades relacionales descritas. Buscar relaciones y contextos sociales propicios para ello.
  • Aceptación y validación de quién eres. Permiso para ser uno mismo y auto-definirse sin etiquetas.

En este video de TEDtalks.com, la psicóloga B.Brene habla sobre el poder de las personas de las introvertidas. Realmente emocionante y recomendable!!

En consulta a veces trabajamos con un concepto llamado el dilema relacional que ayuda a entender mejor en que consiste la dificultad social que viven las personalidades introvertidas. Más adelante en otro post hablaré sobre ello.

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