La felicidad a través del entrenamiento de la mente

Conseguir la felicidad es posible??

Mucho se ha escrito para responder a esta cuestión. En este video Mathieu Ricard, monje budista y considerado el hombre más feliz del mundo, habla sobre llegar a la felicidad y el bienestar a través del entrenamiento de la mente, la meditación y la gestión saludable de las emociones.

Vivencias de un padre primerizo

Vivencias de un padre primerizo

Recuerdo (y creo que no lo olvidaré con facilidad) una sensación y un momento especial, el día que nos dieron el alta del hospital. Allá que salimos a la calle con nuestro bebé recién nacido de 48 horas en brazos de mi mujer.

Nos dirigimos al coche, lo colocamos con todo el cuidado del mundo en el capazo, la arropamos bien y… rumbo a casa. Dos días antes habíamos llegado de madrugada al hospital ella y yo y ahora volvíamos siendo tres!! Parece rematadamente obvio pero a nivel emocional no es tan simple. Una parte de mí sentía una alegría y felicidad indescriptibles. La otra se preguntaba: “¿y ahora qué?, ¿cómo se hace esto?, ¿seré capaz?”

El miedo es una emoción presente durante el embarazo y algo más desbordante cuando llega la paternidad. Al principio lo gestionaba como mejor podía, haciendo muchas actividades. Había gestiones varias que hacer, papeleos y burocracia de la que ocuparse, muchas cosas desconocidas para mí que hacía falta comprar y una casa en estado de caos que ordenar.

En medio de tanta locura y cambios, me pude parar a reflexionar y a conversar con mi mujer, que es una psicóloga para mí. Me di cuenta de algo. En mi cabeza tenía la idea (un poco prejuiciosa tal vez) que ser un buen padre consistía en ocuparse de que no faltase de nada. De abastecer a mi familia a nivel material para poder sobrevivir. Ahora que miro atrás veo que eran eso, mecanismos de supervivencia en una situación muy estresante. Faltaba algo más básico que eso, el contacto con mi bebé. Entre tanto hacer y deshacer, apenas me quedaba tiempo para cogerlo en brazos, cantarle o cambiarle el pañal sucio. Este era el miedo auténtico.

Parece que los roles tradicionales están claramente definidos. La madre se encarga del bebé, de hecho ellos dos se convierten en una diada durante estos primeros meses. El padre sale de caza y aprovisiona los víveres para la familia. La sociedad sigue potenciando que esto sea así cuando a los catorce días del nacimiento los padres tenemos que volver al trabajo. ¿¿Qué son catorce días?? De todas maneras, no es excusa y es sano pararse y plantearse cómo es mi ser Papá y cuál es la paternidad que quiero para mi familia y para mí.

No es sencillo cambiar siglos de historia y evolución. Creo que los padres de nuestra generación vamos siendo conscientes de la importancia del apego y del contacto con nuestros bebés desde el principio un poco más. Lo cual hace también que los conflictos acerca de qué tipo de Papá quiero ser afloren. ¿Quiero ser un padre cazador o un padre cercano? ¿Puedo ser ambos? Son cuestiones que me pregunto y en las que sigo profundizando.

El otro asunto con el que inicié estas líneas, el miedo a ser padre, sigue también presente. Es algo que está bien mirar y chequear de forma honesta y periódica. Y aprender a tener el permiso para sentirlo sin que bloqueé y sin ser transmitido al bebé. También he de decir que el día que ví a mi bebé morirse de risa con las cosquillas que le hacía noté que algo en mi confianza cambió. Parece que esto es una aventura que solo hizo comenzar y ya ha removido hasta los cimientos. A ver que viene después…

Juan Del Valle.

Psicólogo y psicoterapeuta.

Diez Mitos sobre las emociones

Navegando por internet, encontre un articulo interesante. Aquí os lo dejo:

www.piensaesgratis.com/bloggers/10-mitos-sobre-las-emociones

La inteligencia emocional, está muy de moda desde hace ya algunos años. Pero, seguimos sin saber cómo gestionar nuestras emociones, y qué hacer con ellas cuando aparecen en nosotros sin esperarlas. Hoy os quiero hablar de mitos, de toda esa información que parece que tenemos incorporada como sociedad sobre las emociones, pero que en realidad en vez de ayudarnos estos mitos nos hacen sentir peor. Vamos a desmontar mitos sobre las emociones.

Desmontando mitos sobre las emociones

1. Si reprimo mis emociones, estas se marchan

Esto es un mito: Reprimir las emociones, hace que las emociones se queden dentro de nuestro cuerpo, y esto hace que en vez de gestionar lo que sentimos, lo acumulemos, hasta un día explotar. O mucho peor, que nuestras emociones, se conviertan en bloqueos físicos e incluso en enfermedades.
Ej: Imaginemos una olla a presión, así están nuestras emociones en nuestro cuerpo. Es importante que dejemos salir nuestras emociones, y expresemos lo que sentimos y pensamos para seguir el proceso natural de nuestro cuerpo.

2. Hay emociones positivas y negativas

Esto es un mito: A pesar que muchos autores las clasifican de esta manera, en realidad todas las emociones que sentimos son adaptativas.¿Qué quiere decir esto? Que gracias a todas las emociones que sentimos, estamos aquí como especie. Ej Si ahora entrara un león en tu habitación, ¿qué haríamos? Nos esconderíamos, o nos quedaríamos quietos o nos subiríamos encima de la mesa. Todo esto son reacciones que nos hacen tener el miedo para proteger nuestra vida. Todas las emociones sirven para protegernos en su justa medida. Es cierto que algunas son más agradables que otras, pero el fin último es de nuestras emociones es nuestra supervivencia.

3. Mostrar mis emociones es de débiles

Esto es un mito: A lo largo de los años, dependiendo en qué culturas, las emociones han sido un tabú, algo que no se podía mostrar porque sino era señal de que eras débil. Esta afirmación, más que un mito en sí, yo diría que es un mensaje que se nos ha transmitido generación tras generación. Ej: Si lloramos porque estamos tristes. No quiere decir que seamos débiles sino que tenemos inteligencia emocional. De igual forma, ahora sabemos que mostrar nuestras emociones es una necesidad para el ser humano, porque forma parte de la capacidad que tenemos todos de expresarnos. Cuando se nos impide, o nos impedimos a nosotros mismos la expresión de nuestras emociones, esto nos hace sentir muy mal. Porque en realidad nuestra fuerza está en nuestra vulnerabilidad. En la capacidad de mostrarnos tal como somos, y aún así aceptarnos.

4. Ojos que no ven, corazón que no siente

Esto es un mito: Aunque hagamos que no vemos, en realidad, sí que vemos, y por lo tanto sentimos. Podemos hacer como si no nos afectara una situación, pero en realidad si que nos toca. Ej Si rompemos con alguien y no lo vemos más, podemos pensar que vamos a sufrir menos, pero en realidad es necesario que pasemos el duelo de lo perdido. Ignorar lo que nos pasa, sólo nos trae más problemas, en realidad sintiendo lo que nos pasa, es más fácil que las emociones acaben marchando.

 

5. He de estar alegre siempre

Esto es un mito: La alegría es una emoción agradable, que nos gusta sentir constantemente. A pesar de eso, no es posible estar alegre todo el tiempo. ¿Por qué? Pues porque las emociones que no son tan agradables de sentir (miedo, rabia, tristeza…) son necesarias que las sintamos para valorar lo que tenemos. Ej Imaginemos que se nos muere el perro, y no le damos importancia. Las emociones como el miedo, la tristeza o la rabia, sirven para conectar con nosotros mismos, reflexionar, valorar lo que tenemos, ser precavidos y poner límites.

6. El enfado y la rabia son emociones que tengo que evitar

Esto es un mito: Desde pequeños se nos enseña que enfadarnos y sentir rabia está mal. Y por tanto, como adultos hemos aprendido (por lo general) a no mostrar la rabia o el enfado cuando lo sentimos. O al revés, a mostrar la rabia y el enfado en el extremo. De igual manera, el enfado es una emoción necesaria, para poner límites en nuestra vida, y no dejarnos pisar por los demás.  Ej Hace tiempo escribí un artículo sobre el concepto de rabia como algo positivo, que en un grado moderado y desde el respeto hacia el otro, es una actitud sana. Si cuando nos enfadamos, podemos expresar lo que sentimos, de una manera respetuosa y sana, esto nos va a liberar mucho peso y nos va a permitir poner límites en nuestra vida. A veces, quizá la manera no es todo lo respetuosa que querríamos, pero es un aprendizaje que hemos de ir haciendo.

7. El miedo hay que vencerlo

Esto es un mito: Se nos enseña que el miedo es un enemigo, contra el que hay que luchar. Es cierto que el miedo podemos hacer que sea muy poderoso en nuestra vida, pero ir contra él, no es la solución porque solo se hará más grande. Ej Si nos decimos a nosotros mismos, no tengo que sentir miedo, a hablar en público, ¿qué va a pasar? que nuestro cerebro es literal, y entonces el no, no lo procesa. Nuestro cerebro va a entender, tengo que sentir miedo a hablar en público. Si en vez de ponernos el miedo delante para que nos bloquee, le dejamos que nos acompañe, en vez de ser un enemigo, lo convertimos en aliado. Y entonces podemos encontrarnos, hablando en público, a pesar del miedo. Eso va a hacer que el miedo al final solo salga, para protegernos en momentos que verdaderamente lo necesitemos.

8. Si me distraigo la tristeza se va

Esto es un mito: Si nos distraemos, lo que ocurre simplemente es que la tristeza queda aparcada, pero sigue dentro de nosotros. Distraernos puede servir en el momento, para dejar de estar tristes, pero en otra situación, momento o lugar esa tristeza si no se resuelve, va a volver a nuestro cuerpo. Ej Si tenemos un mal día, y estamos tristes porque hemos discutido con nuestros hijos, o con nuestra pareja,es importante que nos dejemos sentir en el cuerpo la tristeza, la sensación física, y además sí tenemos que llorar pues que lloremos lo que necesitemos. Solo si dejamos la tristeza salir, y no la reprimimos, si le expresamos al otro cómo nos sentimos, todo eso va a ayudar a que la tristeza se pueda marchar.

9. Las emociones son permanentes

Esto es un mito: Cuando estamos mal, parece como si fuera a durar una eternidad. Como si la tristeza, el enfado o el miedo no se terminaran nunca. Pero en realidad, todas las emociones vienen y van. Ej Como una ola en el mar, viene y va. Siempre que hagamos el proceso correcto, que tiene que ver conla curva de las emociones  sentir la emoción en nuestro cuerpo, observarla, identificar qué emoción es, dejarla que se quede en nosotros un rato, la expresamos si es necesario , y veremos como poco a poco va desapareciendo.

10. Si tengo una emoción fuerte, tengo que razonar

Esto es un mito: No es posible razonar cuando estamos experimentando una emoción muy fuerte, porque es nuestro cuerpo el que está hablando. Una vez baja la respuesta emocional, ahí si que se puede razonar y poner pensamientos a lo que hemos sentido. Ej Si tenemos una discusión con nuestro hermano primero nos ha de bajar el enfado y después podremos entender lo que nos ha pasado. Dejar que las emociones hagan su proceso natural es beneficioso para todo nuestro cuerpo.

La gente que escucha a sus emociones sin ignorarlas producen que su nivel de confianza aumente. Thich Nhat Hanh

La timidez y la vergüenza: dos disfraces del miedo

Todos y cada uno de nosotros tenemos miedo. El miedo es una de las emociones básicas del ser humano y como tal no es negativo sentirlo. La diferencia se encuentra en cómo percibimos el miedo.

¿Qué es el miedo? El miedo es una emoción que nos activa y pone a nuestro organismo en estado de alerta preparándolo para poder llevar a cabo una acción urgente que nos ponga a salvo en una situación de peligro. El miedo es un mecanismo de supervivencia y se puede manifestar de varias maneras, por ejemplo puede generar el impulso necesario para salir corriendo y huir del peligro. También existen otras respuestas cuando tenemos miedo, como enfrentarnos a lo que nos produce el miedo si existe esa posibilidad o quedarnos quietos cuando el miedo nos paraliza. Podemos observar estas situaciones en el mundo animal, por ejemplo cuando un depredador acecha y el animal en cuestión responde a ese peligro de alguna de estas tres maneras. Todas estas respuestas son adaptativas cuando responden a una situación real de peligro. Forma parte de la propia evolución natural.

Pero, ¿qué sucede cuando la situación está en nuestra percepción o en nuestra fantasía y no en la realidad? Estas son las situaciones en las que imaginamos que nuestras acciones van a desencadenar un resultado negativo o insatisfactorio para nosotros. Incluso, un desenlace peligroso para nuestra integridad. Y todo esto está sucediendo en nuestra cabeza.

Este miedo puede llegar a ser no adaptativo o, también llamado miedo anticipatorio porque anticipamos una situación concreta en la que algo malo nos va a suceder. Esta es una cualidad que sólo el ser humano posee en comparación con el resto del mundo animal. No sabemos el qué exactamente va a suceder porque es una sensación difusa, pero al pensar en ella la sentimos como una sensación de catástrofe.

Ante todo, este miedo necesita ser comprendido y escuchado. Si está ahí es porque algo lo ha colocado ahí, de eso no cabe duda. En la gran mayoría de personas con las que he compartido sus procesos de desarrollo y conocimiento personal he aprendido que el miedo se instaló en su mundo emocional a lo largo de experiencias vividas anteriormente en su historia. Vivencias en las que había una necesidad psicológica o emocional que no fue atendida o satisfecha adecuadamente. Y cuando nuestras necesidades emocionales están desatendidas es cuando más miedo sentimos. Sin embargo este miedo es una emoción básica y primaria. Sucede que habitualmente saldrá a la superficie de otra forma, disfrazado. El miedo tiene varios disfraces. Es con ellos con los que sale al mundo consciente y da la cara. En este artículo voy a reflexionar brevemente sobre un par de ellos, la timidez y la vergüenza. Existen algunos más aparte de ellos.

La timidez es la expresión del miedo al rechazo. La timidez puede llegar a ser muy destructiva. Se suele relacionar en la persona con la necesidad de reconocimiento, de ser valorado por los demás (necesidades humanas básicas emocionalmente). Así se crea un coctel que puede provocar mucho malestar. Cuando contactamos con este miedo al rechazo y notamos que nuestro nivel de valoración y reconocimiento está por debajo de lo esperado, la timidez es un mecanismo que funciona como los muros y las puertas de un castillo que se cierran. Así hacemos imposible que los de fuera puedan ver “nuestras debilidades”, las partes del castillo que yo anticipo que el otro va a atacar o, simplemente, que no le van a gustar. De forma colateral, al cerrar las puertas tampoco permitimos llevar a cabo las interacciones necesarias para que nuestra necesidad de reconocimiento y valoración sea satisfecha. Además, con la timidez suele ocurrir algo bastante común, es una etiqueta que muchas veces se pone desde la infancia. Mensajes como “es que este niño es muy tímido” o “yo es que soy desde pequeña muy cortada” van calando en la identidad de la persona como una creencia a la que no se puede hacer frente y que limitan el desarrollo personal. Todo en conjunto, genera un sistema de creencias inconscientes, pensamientos, emociones y comportamientos que la persona necesita romper para encontrarse bien consigo misma.

La vergüenza es la expresión del miedo a la burla o a la humillación. Está directamente relacionado con la imagen de inseguridad que yo creo proyectar. Es el deseo de huir del malestar que siento en una situación a toda costa. La vergüenza es una auto-crítica negativa que refleja el miedo a no valer, produciendo un sentido del ridículo como un “tierra trágame”. Y vuelvo a repetir, si está ahí es porque hay una razón para ello. Seguramente que la persona ha experimentado alguna situación en su vida que ha vivido con burla o humillación de otros. Y después ha tomado una decisión al respecto. Es entonces cuando solemos recurrir a diferentes “soluciones” como pueden ser entre otras; evitar situaciones que pueden ser sanas y enriquecedoras por miedo a ser avergonzados, consumir alcohol y/o sustancias en determinadas situaciones activadoras del miedo hasta que no sintamos el miedo, percibir el mundo desde la desconfianza hacia los demás para que así no nos pillen desprevenidos o vivir en una eterna duda que es la expresión de la falta de confianza en uno mismo.

Si sentimos miedo y lo podemos sentir y canalizar saludablemente nuestro organismo vuelve al equilibrio y dejamos de vivirlo. Así el miedo ha cumplido su función. Pero, ¿qué sucede si no lo hacemos así? Si no aprendemos a gestionar y canalizar nuestro miedo, entonces se intensifica y se va acumulando. Es el momento en que experimentamos que algo no está yendo bien porque el miedo nos puede desbordar. Entonces podemos buscar apoyos o empezar a cuestionarnos nuestra capacidad para manejar los miedos. Cuando experimentamos esta situación de desborde repetidamente en contextos diferentes puede llevarnos a pensar que “somos miedosos, tímidos o vergonzosos”. Se genera una creencia acerca de nuestra identidad que nos va a condicionar en nuestras acciones futuras. Las buenas noticias son que podemos re-aprender a gestionar nuestras emociones saludablemente y, de esta forma, cambiar las creencias sobre nosotros mismos y la manera de relacionarnos con los demás.

Juan Del Valle
Psicoterapeuta